Estoy temblando mas mi cuerpo permanece impasible.
No sé cómo me alcanza el aliento a llenar las exhalaciones que requieren mis pulmones, vaciándose por los metros cúbicos de mi habitación, comprimiendo mis costillas los órganos que en mi interior residen. Oprimidos intentan atravesar el resto de mis entrañas.
Mi corazón guía mis dedos por el resbaladizo teclado, mientras mi mirada ida, se sostiene en esta pantalla, pluma y verso de mis adentros.
He querido decírtelo todo, juego una ruleta rusa y siento el amargo sabor del frío hierro que meto en mi boca y me dispongo a tirar del gatillo. Está cargada, cargada con sentimientos sin piel ni carcasa. Es una lengua afilada llena pensamientos de amor y desafecto. Sólo necesito una señal de animosidad tuya, un frío y lánguido aullido de desdén para separarme.
Déjame, dejémonos. Vuelve a mí.
Quiero que te cueles en mis momentos más profundos y los conviertas en nuestros, los atesores como tuyos. Son para ti. Toca mi piel dorada y vístete con ella. Sueña con mi cuerpo, manejándolo como marioneta. Mueve los hilos, dejo muerta mi sesera, quiero que la controles, ser tuya cual títere enamorado.
Háblame. Cuéntamelo como anoche. Tal como cuando me dijiste que estabas aquí conmigo. Conseguí hacerte un hueco y que te quedases, a mi vera, en mi mente desvanecido pero consciente.
No te vayas. No me dejes.
Espero impaciente tu decisión, pero al menos sé que he luchado.
Ilustración de Camilla D'Errico
lunes, 17 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario