No es la primera vez que me pasa, tampoco es la misma causa la que acaece sin sentido y nubla mis pensamientos al procesar mi cerebro lo que tú estás escribiendo.
Te leo. Al oír el ding ding perturbador de la Blackberry, te conozco, lo sé. En el fondo de mis pensamientos sé lo que voy a leer y créeme aunque no venga a cuento, lo presiento. Lo oigo, me susurra cual verdugo anunciando una sentencia y entonces...
Me siento como un gladiador que sale al centro del Coliseo de Roma, me veo como el pueblo me aclama mientras desbloqueo el dispositivo y me dispongo a leer ese mensaje. Conozco su contenido, lo he oído antes, lo he procesado en decenas de lugares diferentes y de diferentes medios. Todos iban dirigidos a mí.
No fuiste original. Mas te comprendí, en la primera línea.
Es curioso cuando, después de cientos de piropos, de adulaciones y adoraciones varias, caes.
No me extraña que pienses así, no me extraña que te dé miedo. Pero tú eres el que deberías ser gladiador hoy, podrías haber sido mi musa, domado mi espíritu, poseído mi cuerpo y conquistado mi pensamiento.
Ahora escribirte me resulta doloroso, me tiemblan las manos, tengo los pies fríos y una vez más el corazón magullado. Me cuesta reconocer que me duele, que has conseguido hacerme daño, que tu falta de valor... es mejor no seguir hablando.
En el fondo de mi cabeza ya no esperaba nada.
He disfrutado de una vida libertina siendo mujer, que tú, ni ninguno como tú, os veis dispuestos a aceptar. Por supuesto doy por sentado que esto es un detrimento a amarme, porque detrás de cualquier amor hacia mí siempre tenéis miedo. ¿Miedo de qué?
-Después de lo que has dicho, insinúas querer verme, cuestionando si te comprendo...
Te comprendo, pero al igual que tú no aceptas mi comportamiento cuando he estado sin ti. No acepto una cobardía si deseas compartir algo o nada conmigo.
No.
Tu especie es venenosa, haciendo que broten lágrimas de mis ya agrietados ojos y aún así, ya no las siento resbalar por mi cara, pues la fuente se secó y solo queda ese mal sabor de boca que te deja el llanto, cuando no llegas a llorar, pero toca hacer de tripas corazón y estás tan vacía como antes, pero el orgullo te deja un sabor físico. Un sabor amargo angustiado, que plaga mis papilas, embriagando mi lengua con un elixir negro pegajoso que me invade y pastosea mi boca, reflejándose en mi cara como una expresión de repugnancia, que solo esconde desazón y agonía. Agonía ahogada.
Mas duele. Duele, porque sé que llevar la vida que llevé era mi elección. Pero fue la tuya hacerle el amor a mis pensamientos, inmiscuyéndote en mi hábitat para darte cuenta que era una realidad que no serías capaz de soportar, una sensación que no serías capaz de controlar. Una oportunidad que acabas de perder.
Ha sido todo tan rápido. Ni siquiera te conozco... te he contado tanto. ¿Qué me pasa? -Innato es, sin duda, al ser humano, el hecho de tropezar en la misma situación sin aprender. Quiero enmendar el agravio que me causa a mí misma el haberte dejado pasar a mis telarañas y cual ladrón de obras de arte, reproduces ahora mis verdades, llevándote crédito por tu hazaña y no me dejas nada más que esta expresión desagradable en el rostro.
Me preguntas sobre qué escribo, me pides que escriba sobre cómo me siento. Respondo negándote la lectura de mis vocablos, pues frente a ti no podría articular palabra. Y vuelvo a notar el paladar acongojado de mis entrañas vomitando sentimientos y me vuelvo a preguntar qué me ha llevado a esta situación y cómo me he dejado.
Cuando permito que entres en mi vida, sin pedir nada a cambio, soñando con utopías de un amor impávido y me replicas hablándome de tiempo y espacio...
No te guardo rencor, mas no me sorprendes, todos tenemos una máscara y evidentemente el problema es mío, porque contigo ni con nadie, debí jamás retirármela.
Se me ha caído un mito. El mito de que podría ser yo misma, que existía la sinceridad y ahora entiendo que lo que cautiva hoy en día es una idea, no un ideal.
domingo, 9 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario