Cuando me hablas así, me tiembla la voz.
Hay veces que puedo notar mis cuerdas vocales partiéndose y salpicando emitiendo sonidos mudos que rompen la claridad de un silencio indeseado.
Emito monosílabos difíciles de distinguir de los gemidos avergonzados de esta mañana, sabiendo que ya no estamos en la misma página. ¿O es que alguna vez sí?
Me gustó el símil de que cada uno estamos en una palma de la mano diferente. Mas, te confundiste. Sabes de sobra que yo estoy en la tuya y tú en la tuya también.
Soy buena estratega, porque siempre hago trampa.
Contigo no supe hacer trampa. Y ahora que sé, que podría... que debería... ahora no la voy a hacer. Estoy aprendiendo a forjar algo con palabras y hechos y no con expectativas irreales y verbos en condicional. Me has enseñado, estoy aprendiendo. No sé porqué, pero estoy queriendo.
A veces dudo. Dudo de si, hubiera hecho una estrategia, si hubiera planificado todo, si las cosas hubieran sido diferentes, ¿me amarías? -¿Soñarías conmigo, sería tu principio y fin de todas las cosas? -Esas relaciones me dejaron vacía, me apagaron. La de ahora me tiene sola y desesperada muchas veces, anhelando aquello que toco y a veces incluso siento que es mío. Estoy más viva, aunque cuando no estás me sienta muerta.
Hoy tengo un día de esos en los que hace sol pero tú vislumbras nubes en el horizonte de tus pensamientos. Cual girasol o ababol doblado y cansado, me percato de que no estoy bien, porque tú no estás bien. Llevo tus penas conmigo y me culpabilizo de las tuyas. ¿Pero qué hago!? Odio estar tan implicada, ¡sobretodo por que a ti no te está ayudando!
No me quieres. No me dejas que te quiera, pero me mantienes cerca. Quiero ayudarte. Quiero apoyarte. Me voy a marchar. Pasaporte y vuelo a ninguna parte.
Llevo una maleta, con artilugios de oro, desinfectados y esterilizados, puntiagudos, brillantes y afilados.
Quiero arrancarte de mis entrañas y extirparte de mis pensamientos. Hacer que desaparezcas y masticar tus palabras quitándole la visceralidad de su significado. Regurgitar las expectativas y aniquilar el afán de poseerte. Mas un minuto contigo, ha merecido las mil cuatrocientas cuarenta horas.
Aquí te espero. Con mis sentimientos hubieras cubierto, los mares de tinta en los que escribiré mis sueños. Contigo o sin ti yo sigo, y por dentro, sigo esperando.
viernes, 25 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario